jueves, 31 de marzo de 2016

CUSTODIA COMPARTIDA ENCUBIERTA - ¿POR QUÉ NO LLAMAMOS A LAS COSAS POR SU NOMBRE?

Un régimen amplio de visitas para el padre, pero formalmente la custodia para la madre. Eso es lo que prefieren la mayoría de las mujeres cuando hablamos de la custodia de los hijos. Que el padre les cuide a los niños la mitad del tiempo, pero que siga pagando la pensión de alimentos. 
Y esto lo eligen sin ver más allá. Sin entender que los padres de hoy en día quieren de verdad ejercer de padres, no de babysitters ni de meros pagadores. 

Cada día es más habitual ver en los Juzgados sentencias de familia donde se le otorga a la madre la custodia de los hijos, y al padre un régimen de visitas que incluye fines de semana alternos y dos tardes a la semana, además de la mitad de las vacaciones. Si hacemos cálculos, si esas dos visitas intersemanales fueran con pernocta, el tiempo que pasan los niños con cada uno de sus progenitores sería idéntico.



 ¿Por qué entonces no reconocer que nos encontramos ante una custodia compartida? ¿Por qué los Juzgados siguen siendo reacios a  reconocer la realidad? 
Lo que los jueces deben de ver es que este sistema no beneficia en absoluto a los menores. Enaltece a las madres, que se ven reforzadas en su papel de único progenitor; es tremendamente injusto con los padres que se hacen cargo de sus hijos en igual medida, y aún así deben abonar una pensión de alimentos; y perjudica a los niños porque no se permite que ambos progenitores se involucren por igual en su educación y su día a día. 
Y es por eso que el Tribunal Supremo ha venido a reconocer esta situación de custodia compartida encubierta, dándole a un padre el derecho a que las cosas se llamen por su nombre. La Sentencia, de fecha 21 de octubre de 2015, dictada por la Sala 1.ª del Tribunal Supremo define como custodia compartida a la situación que comentábamos antes, y recuerda que lo que se pretende con la custodia compartida es:

  • Que el contacto de los menores con sus padres sea diario (con las tardes con un padre y la pernocta con el otro, y los fines de semana alternos). 
  • Que éstos pasen el mismo tiempo con un padre y con otro (días lectivos, fines de semana y vacaciones se distribuyen por igual). 
  • Que puedan compartir con ambos padres cualquier tipo de actividad o rutina propia de sus vidas: comer, dormir, jugar, hacer los deberes, ... (al ir alternando períodos de convivencia, podrán realizar las actividades propias de las tardes y de la noche con uno y otro padre).
  • Garantizar la estabilidad física, psíquica y emocional de los menores en todo momento (puesto que diariamente ven a ambos padres y puesto que convivirán con ellos, períodos suficientemente largos). 
Ahora lo que nos toca es seguir luchando para que esto sea una realidad para todos los padres, y que no haya que llegar hasta el Tribunal Supremo para que se reconozca la igualdad del hombre y la mujer en el Derecho de Familia. 



jueves, 3 de marzo de 2016

QUE EL DERECHO DE FAMILIA NO NOS QUITE NI UNA VIDA MÁS


Hoy un padre se ha suicidado. El sistema lo ha empujado a ello. 

Parece una afirmación hecha a la ligera pero no lo es. 

Castigado por el sistema judicial, tras el divorcio José Miguel perdió su casa y a sus 40 años tuvo que volver a vivir con sus padres. Y por supuesto la bendita crisis tampoco ayudó. No hace falta decir lo difícil que es encontrar trabajo para un varón de 40 años, sin cualificación profesional ni más experiencia que la de trabajar en la obra desde la adolescencia. 

Saltando de un empleo precario a otro, además tuvo que lidiar con la madre de su hija, que le prometió "no descansar hasta quitarle lo que más le importaba". 

Durante años el régimen de visitas se desarrollaba con naturalidad y aunque el tiempo con la pequeña siempre le resultaba escaso, era la única vía de escape para este padre. Sin embargo, la madre solicita en el juzgado una modificación de medidas exigiendo la suspensión de las visitas en base a una serie de acusaciones que nunca llegaron a ser probadas. 

Antes de celebrar el juicio, sin haber exigido a la madre pruebas fehacientes de sus argumentos, ya la jueza está absolutamente predispuesta a favor de esta mujer. Nos plantea que o llegamos a un acuerdo o fijará las visitas en un punto de encuentro. Así, sin más, sin paños calientes. Sin haber escuchado a las partes, sin que se practicara prueba alguna. Saltándose todos las garantías del Derecho y prejuzgando el caso.

Para el que no sepa lo que es un punto de encuentro diré que es un lugar terrible para relacionarse con los niños, sobre todo si venimos de una relación normalizada. Se trata de una especie de guardería donde los padres que el sistema cree que no merecen más, pasan una hora escasa con sus hijos bajo la acusadora mirada de los cuidadores. 

Y precisamente eso era lo que quería José Miguel evitarle a su hija. El dolor de hacerla pasar por ahí, de explicarle ante su ingenua mirada por qué no puede seguir yendo a casa de papi, por qué ya no va a ver a los abuelos, por qué no pueden salir de alli a tomar un helado o a pasear, como han hecho siempre.

La lucha interna fue horrible. Y lo sé bien porque yo era su abogada y cada día me llamaba para contarme que había cambiado de opinión. Un día deseaba con toda su energía luchar por su hija hasta el final, y al siguiente sacaba fuerzas de donde no las tenía para sacrificarse por ella y renunciar a las visitas con tal de no hacerla pasar por ese duro trance. 

Cuando sea mayor lo entenderá, decía. Pero cuando Talía sea mayor, lo único que va a saber es que la vida la obligó a crecer sin su padre. Lo que nunca sabrá es que su madre se aprovechó de un sistema que la beneficiaba para tomarse una venganza personal y llevar al límite a este hombre. 

Este padre sucumbió a la presión. No encontró salida. El sistema judicial lo ahogó tanto que él acabó ahogándose a sí mismo. La madre de su hija logró arrancarle hasta la vida. Para que luego digan que el maltrato psicológico es violencia sobre la mujer. 

José Miguel no encontró fuerzas para seguir luchando contra un sistema injusto y nada igualitario. Pero nosotros debemos seguir haciéndolo por él. Los profesionales desde nuestros despachos, las madres y los padres desde las familias, y los ciudadanos en general, concienciandonos de que debemos exigir un Derecho de Familia igualitario y justo; que nos dé derechos y no nos quite más vidas.